Ricardo Ruiz

Valencia / Valencia
Año de nacimiento: 1991

La Antigua Biblioteca de Alejandría fue, en su época, la más grande del mundo. Se estima que fue fundada a comienzos del siglo III a. de C. Nació bajo la ambiciosa idea de fundar una ciudad que contuviera el saber universal, acogiendo toda cultura y creencia. De este modo, pretendía recoger todas las obras del ingenio humano, que tenían que ser incluidas en una suerte de antología inmortal para la posteridad. Su trágico final, fruto de las llamas y de numerosos desastres, hizo que solo se conservasen algunos pergaminos acogidos en los refugios de la gente corriente, que tuvo a su recaudo protegerlos de la persecución de las autoridades y de los conquistadores.

Al centralizar la cultura en un lugar, queda lo que en él acontece, el conocimiento adquirido. El tiempo frente al libro. Pero ni la biblioteca es necesariamente un almacén delimitado de libros, ni el fuego es inevitablemente un fenómeno destructor. La biblioteca puede ser toda una ciudad, igual que el fuego puede ser una chispa para construir.

En València, el fuego nos reúne en torno a la construcción efímera de las cosas nuevas; de lo insólito y de lo sorprendente. Construimos las fallas, un museo efímero que nos obliga y nos exige salir a la calle, haciendo de lo imposible, lo cotidiano. Descentralizamos el saber, lo extendemos por cada barrio, por cada esquina. Y editamos publicaciones en torno a nuestras esculturas, que después del paso de las llamas nos hablan de nuestra propia historia, la que queda registrada en los llibrets de falla: nuestra biblioteca a escala de ciudad.

Pues bien, también como en aquella vieja leyenda de Alejandría, la gente corriente guardamos en las estanterías de nuestras casas nuestros manuscritos resguardados del fuego que nos hizo editarlos. Cada ejemplar, de cada falla, en cada hogar: sobre una estantería o en un cajón, nuevo o roto, leído o por leer… Como una gran biblioteca que se extiende por todas las comarcas.

El objetivo principal de este proyecto es dar a conocer este rico patrimonio que yace escondido respecto de otras creaciones falleras, pero de innegable valor cultural. Por eso, durante años, se han recogido de todas esas casas y cajones repartidos por la ciudad, y también de diferentes casales, llibrets de una calidad sobresaliente guardados por distintas personas, para juntarlos y hacer así una biblioteca temporal y móvil, tratando cada llibret de falla como una joya, con su espacio propio de estudio. Cada uno de estos espacios es un rincón íntimo, para descubrir esa mezcla de reflexiones y también de recuerdos del imaginario colectivo en diferentes épocas históricas. Con inicio en 1855, este recorrido parte del concepto de llibret de falla como un género literario genuinamente local: un espacio de expresión libre que da cabida a poetas, escritoras, ilustradoras, fotógrafos o diseñadores alrededor de una escultura efímera en el espacio público. Y que, sobre todo, nace directamente de asociaciones de barrio y, por lo tanto, está realmente arraigado en nuestro territorio. Entre las páginas de esta biblioteca llena de sueños colectivos se puede encontrar, de manera desjerarquizada, el trabajo artístico o literario de personalidades como Josep Renau, Mariscal, Joan Fuster, Salvador Dalí, Martín Begué, Ortifus o Micharmut, entre muchos otros.

El conocimiento etnográfico y humano para realizar el comisariado de este trabajo vino tras más de seis años dirigiendo y diseñando estos libros: con más de 20 reconocimientos oficiales que premiaban distintos ámbitos de estas creaciones y un total de más de 5.200 ejemplares impresos y distribuidos con distintas asociaciones festivas. El proyecto se expuso por primera vez en el vestíbulo del IVAM, lugar de mayor visibilidad del museo, para posteriormente exhibirse en la Feria del libro de Frankfurt el año en que España era país invitado de honor. Allí recibió, entre otras, la visita institucional de Casa Real. De esta manera, el patrimonio local pasó a tener una proyección internacional, gracias a una iniciativa propia. Además, el diseño expositivo y su capacidad de reciclarse y adquirir distintas formas recibió también una mención honorífica en los premios COACV, donde se destacaron sus criterios de belleza y sostenibilidad.

Actualmente el proyecto sigue creciendo; la ciudad sigue viva y la cultura se extiende con la participación de innumerables personas. Mientras tanto, mi trabajo de diseño y dirección de contenidos de estos llibrets prosigue junto a distintas fallas, al tiempo que se consolida una colección propia formada por los mejores ejemplares que se editan cada año en distintas partes del territorio. Este archivo en expansión permite volver a mostrar una versión actualizada de esta biblioteca comunitaria: un organismo vivo que no solo conserva lo ya hecho, sino que revela lo que se sigue creando cuando valencianos y valencianas celebran, imaginan y construyen juntos.

El proyecto de Ricardo Ruiz