Soy Aida Martí, escritora de literatura juvenil y actriz. Tengo 25 años, soy de Alboraia y si echo la vista hacia atrás, es difícil encontrar el momento en el que las historias empezaron a significar tanto para mí. Creo que fue como enamorarse. Pasó poco a poco, de una manera tan natural que no me di cuenta hasta después, cuando ya estaba completamente atrapada por ellas.
Aprendí a leer y descubrí el amor por la lectura desde muy pequeña. Fui la típica niña a la que castigaban sin leer. Me leía los libros a una velocidad vertiginosa. Iba a todos los lados con un libro en la mano y a veces mis padres tenían que pedirme que parara un poco porque los consumía sin pausa. También recuerdo que una vez al mes me llevaban a la librería París valencia a que eligiera mi próxima lectura. Adoraba esos sábados y aún recuerdo algunos de los libros que leí en esa época. En mi casa siempre se fomentó el interés por la lectura y no puedo estar más que agradecida por ello.
En el cole participaba en los concursos de escritura. Incluso fui con una profesora y unos compañeros a un concurso que organizaba Coca-cola sobre relatos. Pero simplemente escribía el relato, me olvidaba de ello y me ponía con otra cosa. La escritura en ese momento era algo que empezaba, acababa y fin. No fue hasta los 16 cuando la escritura entró a mi vida como algo más. Como una continuidad. Como una forma de expresión y de desahogo. Empecé a plasmar mis sentimientos en papel y, más tarde, a contar mis propias historias. Casi diez años más tarde tengo más de siete novelas escritas. Y ahora, como me pasaba de niña con la lectura, no entiendo mi vida sin la escritura.
He publicado tres libros con editorial independiente. Todos de géneros diferentes. Si una cosa me caracteriza como autora es que escribo las historias que necesito contar. Me da igual que sean o no comerciales o que cuenten cosas que el resto quiere o no escuchar. Escribo porque quiero. Porque hay una visión de la vida que quiero plasmar en las páginas.
Mi libro favorito es el último y del que voy a hablar en este proyecto. Se llama «La chica arcoíris» y recibió una subvención a la creación literaria por parte del ministerio de cultura y deporte. Quiero contaros por qué es mi favorito y por qué significa tantísimo para mí. Es un libro que narra la relación de amistad entre Ben, un chico que cree que su validez depende de lo que el resto opine de él y Eleanor, una chica que lucha día a día contra la leucemia. En este libro quise hablar de salud mental y física, de la amistad más pura, de los miedos, las inseguridades, los fantasmas, de no creer en nosotros mismos y de los sueños. Este libro es, para mí, la esencia de lo que es la vida. El dolor y la alegría. Los claroscuros de la vida, sin quitar nada. Es un libro honesto y real.
Quise hablar de la ansiedad porque yo he sido durante muchos años igual a Ben: una chica que creía que el amor del resto dependía de que yo alcanzara la perfección en todos los ámbitos de mi vida; una chica que creía que tenía que llegar a todo y hacerlo sola porque no podía mostrarse vulnerable ni débil. Eso me llevó a desarrollar ansiedad y ataques de pánico y me tocó aprender a la fuerza a derribar esas creencias que yo misma me había impuesto. Creo que es importante hablar de esto en la literatura porque muchísimos de nosotros libramos cada día batallas invisibles.
También quise visibilizar la leucemia y hablar de esta enfermedad porque hace años perdí a dos familiares por esta enfermedad. Durante mucho tiempo todos nosotros convivimos con la enfermedad, estuvimos rodeados de hospitales, pastillas y una esperanza que venía y desaparecía. Cuando todo acabó enterré el dolor como enterramos las cosas que nos dan miedo. Había demasiada tristeza y dolor. Años después quise abrir ese cajón donde lo había guardado todo. Quise contar cómo se vivía la enfermedad y narrar la historia de esas personas que, por desgracia, ya no están con nosotros.
Ha sido precioso ver cómo algo que nació de lo más honesto de mi corazón ha conseguido conectar con tantas personas. He recorrido varias ferias y ciudades de España firmando libros y dando charlas. Mientras promociono ese libro, hay muchos más con los que estoy trabajando. Vivir de la escritura es algo verdaderamente complicado y por eso tengo otro trabajo que, si bien no me hace feliz, sí me da el dinero que necesito para pagar el alquiler, la comida y, en definitiva, vivir. Aun así, sigo luchando para, con suerte, algún día poder dedicarme exclusivamente a esto. Aunque he aprendido, también por las malas, que no conseguirlo no es un fracaso y que no pasaría nada. Lo que sí tengo claro es que jamás dejaré de escribir porque las historias, en todas sus formas, son lo que le da sentido a mi vida.
Aida Martí Lluch

El proyecto de Aida Martí Lluch

