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Paula Cabanilles Benito

Categoría: Ciencia

Dos meses en un pequeño pueblo del pacífico colombiano, llevada por el profundo deseo de conocer las majestuosas ballenas jorobadas y realizar proyectos de investigación para su conservación. Esta es la acción por la que presento mi candidatura al jurado de Talento Joven CV.
Describo mi candidatura como “acción” porque esta vivencia fue mucho más allá del proyecto realizado con estos animales. Éste consistía en apoyar el tercer año de un proyecto iniciado en 2016 por la organización gubernamental de Parques Nacionales Naturales de Colombia en el PNN Uramba Bahía Málaga.
Colombia cuenta con una red de 59 parques nacionales distribuidos por todo el territorio, desde las imponentes montañas de la serranía de los Andes hasta las vastas llanuras de los Llanos Occidentales, y desde el hermoso desierto de La Guajira hasta la siempre verde y húmeda Amazonía. El 1 de julio de 2019 cogí la mochila y tomé un vuelo en Madrid que me llevó hasta la ciudad de la eterna primavera, Medellín. En la terminal de transportes cogí un bus con el que ir hasta la capital del Valle del Cauca y aquí cambiaría a otro más pequeñito con el llegar a la costera ciudad de Buenaventura. Un trayecto por tierra de casi 15 horas para no más de 450 km. Una vez aquí debía recorrer una hora en lancha con destino a Juanchaco, una pequeña comunidad asentada en este trocito del pacífico al que, pese a no ser una isla, únicamente puede accederse por mar o helicóptero. Es en este lugar donde se encuentra la sede del Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga (netamente marino-costero) y al cual acuden todos los años las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) en su proceso de alumbramiento y reproducción. Éstas, llegadas desde las frías aguas de la Antártida en las cuales se alimentan, pasan los meses del invierno austral en las cálidas y tranquilas aguas tropicales en las cuales tener y cuidar a sus ballenatos.
Este es uno de los mejores lugares para avistar y estudiar a estos hermosos animales, pues es una de las zonas del mundo dónde más crías nacen. Así pues, durante dos meses estuve apoyando a Luís Fernando Ortega, biólogo del parque en una investigación iniciada hace relativamente poco tiempo, que pretende analizar cómo el impacto antropológico debido al trasiego de embarcaciones tanto industriales como artesanales está afectando a la distribución de los cetáceos. De esta manera todos los días nos situábamos en uno de los acantilados de la zona que nos permitía una amplia panorámica del océano y apoyados con prismáticos y telescopios, monitoreábamos tres horas en la mañana y otras tres horas en la tarde.
Proyectos de investigación como este son de suma importancia para un mayor conocimiento y conservación de la especie, la cual se empieza a recuperar después de estar al borde de la extinción debido a la caza indiscriminada en la década de los sesenta. Todo esto acompañado de recientes estudios en los que se afirma que la lucha contra el cambio climático pasa por la conservación de las ballenas, las cuales actúan a modo de reservorio de CO2, liberando la atmósfera de toneladas de este (necesario pero contaminante en grandes cantidades) gas producido por nosotros los seres humanos.
Haber tenido la oportunidad de colaborar en esta investigación me permitió conocer además muy de cerca la cultura y tradiciones de la gente de la comunidad. El pacífico colombiano está habitado en su mayoría por afrodescendientes y las raíces del continente africano están todavía muy vivas. El poder observar modos de vida tan diferentes e igualmente válidos, te hace darte cuenta de la burbuja que es Europa y que podemos elegir cantidad de otras formas de vivir tan diferentes a la única que conocemos como es la occidental. Y es que Colombia es un país de países, conviven muchas culturas, diferentes grupos indígenas… Y es que mi amor por este país viene de hace dos años cuando gracias al Programa Internacional pude estudiar todo un año en la Universidad de Antioquia en la ciudad de Medellín. Conocer un país de la mano de compañeros de facultad y amigos que vas haciendo en el camino es la mejor experiencia que uno puede vivir. Fue solo un año, pero ellos me permitieron sumergirme en la maravillosa cultura del país andino y yo me dejé arrastrar hasta lo más profundo.
Por último, aunque supongo que para mucha gente no significará gran cosa, este viaje al remoto pacífico colombiano representó para mí un acto de revolución, pues el echo de viajar sola a un país del que a este lado del mundo solo nos llegan malas noticias y muchas veces manipuladas, supuso romper con muchos prejuicios personales y barreras sociales. Por el camino conocí a bellísimas mujeres viajando solas, y en todas ellas descubrí un hermoso sentimiento en común: realización.

A través del programa Guardaparques Voluntarios, el Pacífico colombiano ahora tiene una española que lo protege