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Emilio José Martínez Salazar

Categoría: Acción Social

Presento mi candidatura para Acción Social con un proyecto que pretende ser diferente sobre todo lo que se ha hecho en torno al Sáhara, en ocasiones cayendo en el activismo, otras en el dramatismo. Éste, en cambio, busca simplemente retratar a una sociedad cansada de esperar, sí, pero también con ganas de avanzar con la fuerza de la palabra y no de las armas, Esta propuesta documental incluye a toda una serie de personajes con historias fascinantes que merecen ser contadas y escuchadas, tal y como descubrí durante mi estancia reciente en los campamentos de refugiados de Tinduf.

El Sáhara, la larga espera sin esperanza.
Propuesta documental.

Los olvidados del desierto. La supuesta alerta terrorista dada a conocer por el gobierno central en territorio saharaui -y que finalmente ha quedado en nada- ha devuelto al panorama mediático un conflicto condenado al ostracismo.
Todavía, a día de hoy, se cuentan por centenares de miles los refugiados que llenan los campamentos de Tinduf, al suroeste de Argelia, a la espera de la resolución de la disputa con Marruecos 44 años después.
Una situación enquistada en el tiempo entre una población que no atisba un futuro esperanzador y que depende de las ayudas cada vez más escasas, sobre todo de España, país colonizador que según numerosas resoluciones judiciales sigue siendo la potencia administradora.
Los valencianos y valencianas, en particular, llevan todo este tiempo jugando un papel fundamental para rescatar del olvido al pueblo saharaui, como ha podido comprobar el que escribe estas líneas.
Por ello, la propuesta audiovisual versaría sobre el siguiente eje:
– Valencianos y valencianas en primera línea del frente solidario.
Valenciana como Ángela Carrillo, que atesora más de 25 años de visitas al Sáhara de manera ininterrumpida en calidad de presidenta de la provincia de Alicante de la asociación de Ayuda al Sáhara. Su activismo y experiencia la han convertido en todo un referente valenciano y con la polémica por la supuesta alerta yihadista en portavoz nacional del movimiento solidario. Su caso es paradigmático. Pisó el Sáhara por primera vez hace un cuarto de siglo. Allí se enamoró de un saharaui, se casaron y tuvieron un hijo en común. Desde entonces no ha faltado ni un solo año a su cita con el desierto. Se puede decir que tiene el corazón en el Sáhara por partida doble. Con esa fuerza ha sido una de las impulsoras del programa de acogida de menores en periodo estival

Felipe Briones, fiscal anticorrupción de Alicante y una de las mentes más lúcidas sobre el entramado jurídico que envuelve el conflicto (es presidente de la asociación internacional de Juristas para el Sáhara). Briones es sinónimo de azote de la corrupción en Alicante donde trabaja para la Audiencia Provincial. Sin embargo, y como en el caso de Ángela, Briones también se ha unido a la causa saharaui desde joven. Teniendo en cuenta que nació en Marruecos y vivió en sus carnes el conflicto, allí pasó su infancia y juventud, no es de extrañar que haya visitado tantas veces el Sáhara ocupado y los campamentos de Tinduf. A diferencia de Carrillo, su activismo no se entronca tanto en el movimiento solidario, sino más bien en el jurídico-legal, habiendo sido observador de la ONU para la colonia española.

Nieves Esteve, española nacida en El Aaiún cuando todavía era el Sáhara español. Hija de un músico militar destinado en la colonia, pronto se marchó de allí y fue parar con su familia a diferentes municipios de la península, olvidándose por completo de sus orígenes. Ya de estudiante en un instituto, se topó con una fotografía de una combatiente saharaui, Nueina Djil, conocida como ‘La mujer del fusil’. Esta imagen, que no se podía quitar de la cabeza, le llevó a saber más del Sáhara hasta que, por una serie de “casualidades mágicas”, toparse con la propia Nueina. Ahora son amigas íntimas. Nieves ha seguido el proceso inverso a sus padres, logrando involucrar a sus dos hijas veinteañeras en la causa saharaui, lugar que han visitado juntas en numerosas ocasiones. Este retrato sirve para conocer también de cerca a Nueina, cuyo primer marido, Mohamed Uleida, murió en combate en junio de 1976 junto con El Uali Mustafa Sayed, conocido como el Che Guevara saharaui en la guerra con Marruecos. Desde hace un año es directora de Escuela Militar de Mujeres del Sáhara. “No nos preparamos para la guerra sino para mantener la paz”, asegura.

– Niños sin esperanza.

Con una alta tasa de natalidad, los campamentos saharauis son sinónimo de infancia… perdida. Niños y niñas como Jacob, Fatimetu o Mohammed, que encuentran en el programa Vacaciones en Paz su oportunidad de asomarse al mundo cuando cada verano centenares de menores se reparten por toda la geografía valenciana para disfrutar del mar del que carecen, acudir a las revisiones médicas y, sobre todo, alejarse del calor del desierto (temperaturas por encima de 50º). La otra cara de Vacaciones en Paz son los valencianos y valencianas que de manera altruista los acogen en sus casas, pero ¿qué les lleva a adentrarse en este mundo y por qué repiten?

El ya citado Jacob, por ejemplo, es representativo. Tiene 11 años, vive con su tío y sus primas. Le gusta mucho la escuela, acude cada día al colegio ‘Madrid’ del campo de refugiados de Auserd, donde las aulas carecen de un alumbrado básico y se pasan el día a oscuras. De mayor quiere ser mecánico. En una conversación con él dice en español: «El Sáhara es feo, España es bonita». Y eso que solo ha estado una vez. Fue en 2018 en Elche. Beatriz y Juan le dieron cabida en su casa donde compartió el verano con su hijo Juan Manuel, de 9 años. Ambos fueron uña y carne y continuaron siendo inseparables en la visita que Bea y Juan Manuel le hicieron en diciembre de 2019 a su casa de Tinduf. “Por nada del mundo me lo quería perder”, dice Juanma, como le llama su madre, quien reconoce que con la alerta terrorista casi se quedan en tierra, pero las ganas que tenía su hijo de ver a Jacob le llevaron a tomar la decisión de ir “y lo que tuviera que pasar, que pasara”. Jacob, con una sempiterna sonrisa en la boca y unas ganas locas de bailar a todas horas, se acuerda mucho de las piscinas, la playa y los parques acuáticos de Elche. Es un niño generoso, tanto que la ropa y comida que le dábamos se la entregaba a otros familiares. Con ellos duerme en una especie de colchón improvisado que hace las veces de sofá en una habitación. «En el Sáhara solo hay tele», se lamenta. “Todos los días son iguales”.

– Juventud que se lanza al mar porque se ahoga en el desierto.
Cuando el niño crece y ha visto en sus visitas estivales a España que otro mundo es posible, empiezan a ser realmente conscientes de la realidad: su hogar provisional, el campamento de Tinduf, es una cárcel. ¿Cómo salir de ella? Muchos lo intentan por la vía administrativa, como Hafdala, de 27 años, solicitando cada dos por tres un visado para nuestro país como apátrida. Pero España los suele denegar así que qué le queda. “No tengo otra salida que subirme a una patera e intentarlo, aunque sea la última vez”, nos confiesa. Pronto se tuvo que encargar de su familia al fallecer su padre, una difícil situación que le llevó a dejarse los estudios y comenzar a trabajar desde muy pequeño. Asimismo, y a diferencia de otras familias saharauis, la suya apenas cuenta con ayudas y no tienen a ningún español que les envíe dinero de vez en cuando.

Desde que pisó España con el programa de Vacaciones en Paz lo tenía claro. Pese a ser todavía un niño, decidió que su vida estaba en Europa y no en África. Así que lleva dos años trabajando sin parar (ha estado haciendo casas de adobe, por ejemplo) para poder costearse el pasaporte, que no tenía, las estancias en Argel para tramitar su salida del país y los costosos abogados. La desesperación se percibe en su mirada.

– Y a los que se quedan, ¿qué les queda?
Esperar. Así es como se conoce la situación del saharaui, la de la larga espera. Mientras tanto, sobreviven de las ayudas de ONGs y particulares españoles y valencianos que a veces logran, por ejemplo, dotar de material los centros médicos, pero no siempre. Así llegamos al caso de Sheima, una joven de 21 años que el día de su boda, ataviada de perfumes y un traje típico, se quemó de la cintura para arriba con las velas decorativas. Tras más de tres semanas sin recibir una debida atención (ni siquiera calmantes), y cuando su vida corría peligro fruto de la severa infección que padecía que obligó a los médicos a realizarle una fasciotomia (incisión en los dos brazos para aliviarle la presión y vaciarle el líquido infectado), ha logrado gracias a las gestiones de su padre y de cooperantes españolas que sea traslada a España donde actualmente está siendo tratada en Alicante por su antigua madre de acogida, que es enfermera. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera recibido ayuda española?

Por otro lado, mención especial merece El Rubio, apodo por el que es conocido este poeta de 60 años de nombre Ahmed. Militar del Frente Polisario durante la guerra contra Marruecos, más que poeta, se define como “pastor de la poesía», en alusión a uno de sus referentes, el escritor oriolano Miguel Hernández. En el frente portaba el fusil y un libro en el bolsillo. La última vez que estuvo en España fue en 2013, luego ya enfermó de un ictus y no ha vuelto. Asegura que no le permiten volver, pese a contar con todos los papeles en regla, hasta la escolaridad española.
Amigo íntimo de Willy Toledo, fue cofundador del FiSahara, el festival internacional de Cine, y del primer festival de Cine y Música Sáhara en el Corazón; también ha sido el responsable de las localizaciones de videoclips como el de ‘La Larga Espera’ de Amistades Peligrosas y otros que se han grabado en estas tierras. “No tengo odio a Marruecos, sino al régimen que nos está destrozando”, asevera. Es de los pocos intelectuales que han germinado en el desierto saharaui. Defensor a ultranza del español en los campamentos, denuncia que la lengua de Cervantes corre peligro de extinción por la ausencia de ayudas de España para incentivarlo. «Nunca voy a perder la esperanza de ver al Sáhara libre y la constancia de la lucha», concluye.

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