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Sergio Ortín Molina

Categoría: Cultura

Sergio Ortín Molina. Arquitecto. 26. Beneixama, Alicante.

Desde el preciso instante en que recibí mi primer juego de LEGO como regalo de Reyes cuando tan solo tenía 6 años, supe que la construcción y el diseño serían mi pasión. Dos décadas después, soy graduado en Fundamentos de la Arquitectura por la Escuela Técnica Superior de Valencia, donde obtuve el Máster en Arquitectura con un Proyecto Final de Carrera que ha estado Nominado a los Young Talent Architecture Award, parte inherente del Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea – Premio Mies van der Rohe para jóvenes arquitectos europeos. Recientemente he finalizado mis estudios del Máster en Conservación del Patrimonio Arquitectónico en la Universitat Politècnica de València con la defensa de mi tesina titulada ‘Notre-Dame de Paris, 2019. La restauración del siglo: un quid pro quo entre el medievalismo y la contemporaneidad. Historia, crítica e intervención’. A partir de este Trabajo Final de Máster surge 𝘌𝘛𝘏𝘌𝘙𝘌𝘈𝘓, una propuesta de reconstrucción para la catedral parisina que ha sido galardonada con el Primer Premio de la III Edición de los Premios Internacionales de Proyectos sobre Patrimonio Cultural para estudiantes de Arquitectura AR&PA 2020, en el marco de la XII Bienal Ibérica de Arquitectura y Patrimonio, estando en la actualidad también Nominada a los Golden Trezzini Awards for Architecture and Design, con sede en San Petersburgo. La concurrencia a dichos certámenes, no obstante, no posee únicamente una voluntad de reconocimiento, más bien lo que se pretende con ellos es dar un impulso al proyecto académico de cara a la presentación para su valoración profesional a la Commission Nationale des Monuments Historiques de Francia, responsable de las tareas de restauración de la catedral de Notre-Dame de París. Sin embargo, ‘Ethereal’ es el medio, pero no el fin.

Gracias a este trabajo, se me ha brindado la oportunidad de llevar a cabo exposiciones, publicaciones y conferencias sobre la imperiosa necesidad de salvaguardar y conservar el Patrimonio, no únicamente en lo referente a la catedral francesa, sino en edificaciones mucho más cercanas y, desgraciadamente, menos conocidas. No hace falta irse tan lejos para ver una construcción histórica en peligro. En cada ciudad y en cada pueblo de nuestras tierras, encontramos envidiables edificios, reflejo de un floreciente pasado, que hoy se desvanecen invisibles ante el paso inexorable del tiempo y el silencio cómplice de la indiferencia. Es por este motivo por el que, en la actualidad, estoy promoviendo 𝘌𝘵𝘩𝘦𝘳𝘦𝘢𝘭, una campaña mediática y social para tratar de concienciar al mayor número posible de personas acerca de la importancia de involucrarse en la defensa y protección de nuestras olvidadas edificaciones. Y no solo hablo de grandes monumentos, sino también de los magníficos ejemplos de arquitectura fabril del siglo XIX que agonizan, de históricas alquerías hoy en día destartaladas, de molinos sin acequias, de barracas sin cañas. Y de pueblos sin gente. El Patrimonio es un legado histórico de nuestros antepasados que no pertenece a nadie y pertenece a todos. Somos sus herederos, pero también sus guardianes. Y de las acciones del presente dependerán los juicios del futuro.

Por todo ello, este premio al Talento Joven, más allá de reconocer una trayectoria personal específica, serviría como punto de partida para lanzar una ambiciosa campaña de crowdfunding patrimonial, una cruzada de concienciación ciudadana con el único objetivo de defender y preservar un bien común. En este sentido, la primera actuación de este movimiento estaría encaminada a activar todos los mecanismos de protección disponibles para la puesta en valor y la recuperación de un importante y querido edificio industrial de mi propia localidad: la antigua fábrica de carros conocida como ‘el taller dels Canets’ de Beneixama. Porque si no actuamos ya, será demasiado tarde.

Como denunciaba Victor Hugo en su ‘Guerre aux démolisseurs!’: “Todos los días, un viejo recuerdo (…) desaparece con la piedra en la que fue escrito. Todos los días rompemos alguna carta del venerable libro de la tradición. Y pronto, cuando la ruina de todas estas ruinas esté completa, todo lo que quedará es que lloremos…»

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