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Maëla Sanmartín Rodríguez

Categoría: Cultura

La pandemia ha supuesto un duro golpe para los trabajadores de la cultura, y ha impedido a músicos, cineastas y personajes del mundo del espectáculo desarrollar su trabajo con normalidad. Sin embargo, la crisis nos ha hecho abrir los ojos y darnos cuenta de lo necesarios que son los artistas en nuestra vida diaria. Quizá no nos curen del Covid ni nos saquen de la crisis económica, pero la cultura es capaz de curarnos el alma, de hacernos sentir vivos cuando todo parece muerto, de crear lazos con los seres humanos y con los individuos de nuestra propia sociedad; el arte es capaz de hacernos florecer amapolas en el corazón en los momentos en los que nos sentimos solos, de despertar en nosotros la emoción, las ganas de seguir, el deseo de aprender, de reflexionar y de moverse para construir una ciudad mejor, una sociedad más alegre y diversa y un mundo más digno. La cultura es como la esperanza, es lo último que nos queda cuando todo parece perdido, es lo que nos anima a seguir caminando pase lo que pase, lo que nos hace humanos y lo que perdura cuando todo parece haberse derrumbado.
El virus ha afectado al sector del cine como a muchos otros de la cultura. Los equipos de producción y realización de películas se han visto obligados a cesar su actividad o a modificarla drásticamente, muchas producciones se han visto afectadas por los confinamientos y se han quedado a medias, otras han tenido que disminuir el número de actores al mínimo e indispensable, y algunos proyectos no van a poder, ni siquiera, salir a la luz. Ante esta situación y, consciente de lo importante que es mantener viva la cultura y, más concretamente, mi propia cultura, la de mi país y la de mi ciudad, decidí involucrarme en un proyecto audiovisual que me permitiese reunir a la gente en las salas de cine y romper las barreras que nos mantuvieron tanto tiempo aislados y separados. El proyecto, que salió a la luz en octubre de este año, se titula «Te recuerdo, Miguel. Et recorde, Miquel», y es un documental de una hora y media que narra la vida de un joven asesinado en Alicante durante la Transición española. Se trata de un proyecto que he llevado a cabo en solitario, con cero ayudas económicas y escasos medios técnicos: dos cámaras réflex, dos trípodes, un micrófono de corbata y un ordenador. Mis «actores» fueron una serie de entrevistados a los que pude grabar manteniendo las distancias de seguridad, y el resto del trabajo fue realizado completamente en casa. Gran parte del desarrollo del proyecto lo pude llevar a cabo, de hecho, durante el confinamiento, como la escritura del guion y la realización del storyboard.
El logro más importante y lo que más ha aportado este proyecto a la cultura es el hecho de poder difundir una historia desconocida, de poder transmitir una serie de conocimientos, de hacer entretener y de provocar emociones en las personas. Este documental está teniendo una buena acogida en toda la Comunidad Valenciana y, a pesar de las restricciones y del límite de aforo establecido para los establecimientos y los locales, «Te recuerdo, Miguel» ha sido proyectado en Petrer, en Alicante (una de ellas en el Museo de Arte Contemporáneo MACA), El Campello, y próximamente será proyectado en Villajoyosa (también en un espacio público, el Vilamuseu), Castellón, Valencia y previsiblemente en Madrid, cuando las condiciones sanitarias lo permitan.
En definitiva, haber conseguido realizar un documental en plena crisis, en solitario, con pocos medios, y teniendo en cuenta las dificultades añadidas que ha supuesto la pandemia del coronavirus, ha sido todo un reto. Es destacable que el documental haya sido capaz de superar algunos de estos impedimentos y de difundirse en diversos espacios públicos del territorio valenciano, así como haber logrado reunir de nuevo a la gente en espacios públicos abiertos para el disfrute del arte, la reflexión y el debate. «Te recuerdo, Miguel» es una obra que ha roto distancias entre las personas, que está logrando reunir a jóvenes y adultos en los espacios públicos de las ciudades, que emociona al público y que además permite conocer una parte de su propia historia, una historia que quizá hasta entonces desconocía.
Este no es el último proyecto que realizo, tengo muchas ideas, ganas de compartir y de seguir creando arte, transmitiendo conocimientos, comunicando y creando vínculos entre las personas. Quiero seguir rompiendo las distancias que nos separan y unir a las personas a través de la cultura, un sector que está sufriendo las consecuencias de la pandemia, pero que cuenta con jóvenes que se dedican en cuerpo y alma para hacerla revivir y hacer de nuestro territorio un lugar con conciencia y memoria, con espacios que permitan a la gente aprender, llorar, reír, pensar, soñar. La pandemia nos ha traído muchas dudas, miedo e incertidumbre, pero la cultura, en concreto el cine, es capaz de romper esas barreras que el virus parece haber establecido. Gracias a él ahora nos sentimos más unidos, más despiertos, más fuertes, más libres.