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Eva Mir Piqueras

Categoría: Cultura

Marzo de 2020. Me encuentro realizando un laboratorio en el Centro Dramático Nacional para conformar el elenco de «Héroes en diciembre», obra que he escrito y que dirigiré en ese mismo teatro en octubre. Bueno, al final, en febrero del año siguiente. Todo se está aplazando. Estamos aplazando nuestros planes y nuestras vidas. No nos queda más remedio que abrazar la incertidumbre. La tarde en que finaliza el laboratorio, se cierran los teatros. Las escenografías se quedan a dormir durante meses en escenarios en penumbra, cogiendo polvo, recordándonos que en algún momento, algún día, tendremos que volver.

En abril recibo una llamada de Alfredo Sanzol, director del Centro Dramático Nacional y dramaturgo y director escénico al que admiro profundamente. Me cuenta que está planeando un proyecto para llevar el teatro a las casas de la gente mientras sigue el confinamiento: “La pira”, una trilogía sobre todo esto que nos está ocurriendo, sobre la crisis del COVID-19 y su impacto en nuestras vidas. Será retransmitido vía streaming desde el escenario, con los actores en directo, hasta los sofás de todos aquellos que quieran disfrutarnos. A mí me encarga la primera parte, llamada “La conmoción”. Escucho mi propia conmoción y escribo, escribo, escribo… y en junio, vuelvo por primera vez al teatro.

Allí estaba esperándonos el Teatro María Guerrero, más guerrero que nunca, como el refugio que siempre es. El retorno es emocionante y, entre mascarillas, gel hidroalcohólico y distancia social, preparamos una experiencia que apela a nuestro presente más inmediato. Alfredo, entre otros, ha pasado la enfermedad, y la ha superado. “La conmoción” se ha escrito por y para algo.

A finales de junio, coincidiendo con las hogueras de San Juan, estrenamos “La pira”. En el teatro, cumpliendo con las normas de seguridad, solo estamos los imprescindibles, pero en los canales de YouTube y Facebook del Centro Dramático Nacional, nos ven muchos más espectadores de los que cabrían en el teatro. La acogida es genial y, como toda pira, tiene un efecto purificador para dar paso a nuevos deseos.

Pero 2020 todavía guarda sorpresas para nosotros y en septiembre, cuando la mayoría de los teatros de la ciudad están volviendo a abrir sus puertas, recibo la noticia de que reponemos la obra en el Teatro Valle-Inclán, ahora con público presencial. Su programación funciona como billete de vuelta a los escenarios. Debemos reencontrarnos con lo que nos ha ocurrido durante los últimos meses para poder seguir adelante. “La pira” es un homenaje a los que nos salvaron durante la pandemia, no solo desde el sector cultural sino también mediante el arte y las relaciones sociales. Un retrato de nuestras añoranzas, de nuestros miedos, de nuestra fragilidad pero también de nuestra resiliencia. Cuando el público accede a un espacio tan especial después de meses cerrado, todo cobra sentido. Nos estamos viendo reflejados con muy poca distancia. De hecho, seguimos estando ahí, esto todavía está pasando, y ya lo estamos viendo sobre un escenario. Un proyecto concebido para ser representado sin público, llena de nuevo el patio de butacas y solo ahí, con las reacciones, las risas, la respiración y los aplausos, se cierra el círculo. “Os echábamos de menos”, es la frase que más resuena en cada función. Estamos aquí porque nos sentimos seguros, porque queremos sentirnos a salvo.

A la salida de la última función de “La conmoción” alguien me dice que a los que escribimos en este momento se nos recordará como la “Generación de la pandemia”. Lo que yo recuerdo es el instante de regresar al teatro después de que, como todo el mundo, cerrase sus puertas y cómo aquello me hizo pensar que siempre será el lugar donde hablar de las cosas que nos importan, de las cosas que verdaderamente importan.