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Juan Casanova Chafer

Categoría: Ciencia

Me llamo Juan Casanova Cháfer, nací en Benigánim, un pequeño pueblo de La Vall d’Albaida. Después de varias etapas en diferentes grupos de investigación de la Universitat de València, la Université de Mons (Bélgica) y el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), hice mi doctorado en Tecnologías para Nanosistemas, Bioingeniería y Energía en la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona). Hace poco más de medio año defendí mi tesis, obteniendo la calificación Excelente Cum Laude con mención internacional. Actualmente tengo una posición de investigador postdoctoral en el departamento de electrónica de la URV.
No obstante, tarde o temprano todos los científicos tenemos que enfrentarnos a la pregunta más temible (y más importante) que pueden hacernos nuestros familiares y amigos, ¿para qué sirve lo que investigas? Empezaría diciéndote que mi campo de estudio es la contaminación atmosférica, que particularmente mi investigación está centrada en el desarrollo de nuevos nanomateriales y su integración en dispositivos electrónicos para detectar concentraciones muy bajas de gases de diversa índole. ¿Pero para qué sirve exactamente? ¡Para enfrentarnos a uno de los principales problemas de la sociedad!
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 7 millones de personas mueren cada año en el mundo debido a la contaminación atmosférica. Además, según esta institución, 9 de cada 10 personas en el mundo respiran un aire poco saludable, con niveles de contaminantes atmosféricos por encima de los recomendados. Esta continua exposición a gases nocivos pone en grave riesgo nuestra salud, de hecho, la OMS define la contaminación atmosférica como el asesino silencioso.
En consecuencia, es de vital importancia medir y monitorizar en tiempo real los niveles de contaminantes atmosféricos para saber en qué lugares y cuándo se exceden los límites legales, de forma que las autoridades puedan tomar cartas en el asunto. El problema es que las estaciones de medición de estos gases suelen tener un coste muy elevado, por lo que generalmente se instalan unos pocos sistemas en puntos muy concretos. Esto obviamente no nos permite tener un mapa de la contaminación, es decir, quizás hay una estación de medición en el centro de tu ciudad, pero ¿y en tu barrio, urbanización o pueblo natal? Posiblemente no haya ningún sistema debido a su alto coste.
Por tanto, aquí entra mi investigación, puesto que se centra en el desarrollo nanosensores de bajo coste, bajo consumo energético y alta durabilidad para que puedan ser colocados en multitud de lugares. Un ejemplo es el proyecto internacional Sensoft, en el que estoy actualmente trabajando para desarrollar nanosensores que puedan ser colocados en sitios públicos como centros comerciales o estaciones de metro. El objetivo es que estos dispositivos sean capaces de detectar amenazas químicas y escapes accidentales de gases en cuestión de segundos, permitiendo la rápida evacuación de la gente en caso de peligro.
Asimismo, he llevado a cabo proyectos punteros de los cuales se han hecho eco medios de comunicación tanto nacionales como internacionales. Por ejemplo, durante mis años de tesis demostré por primera vez el uso de nanodiamantes como sensores de gases, obteniendo unos dispositivos electrónicos duraderos y adecuados para la medición de pequeñas concentraciones de contaminantes atmosféricos. Otro ejemplo de mi trabajo puede ser el primer estudio sobre el empleo de nanocristales de perovskita integrados en grafeno, derivándose dispositivos rápidos, sencillos y confiables que han sido finalmente patentados.
Pero en este 2020 nos podríamos preguntar… ¿la contaminación atmosférica tiene alguna influencia sobre la COVID-19? Diversos estudios explican que una mayor contaminación del aire induce una mayor mortalidad a causa del coronavirus, por lo que estos nanosensores pueden ser una herramienta más en esta lucha. No obstante, sin limitarnos a este fenómeno, actualmente estoy desarrollando unos nanosensores específicos para medir dióxido de carbono (CO2). Monitorizar la concentración de este gas es de suma importancia en sitios cerrados (ej. aulas o comercios), puesto que es un indicador de mala ventilación y por consiguiente mayor riesgo para contraer la COVID-19. Por todo ello, este premio sería un reconocimiento y acicate para seguir con estas investigaciones, dar un empujón a mi carrera científica y mientras tanto poner mi granito de arena para la prevención de la expansión del coronavirus.

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